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Dic 23

Dos investigadores de la Indiana University y el Regenstrief
Institute (ambos, en EEUU) se han dedicado a investigar el origen de
varios mitos bien asentados entre la población general, aunque no
tienen base científica.

Mitos falsos en el mundo de la medicina

El resultado, un artículo publicado hoy en British Medical Journal,
echa por tierra mitos como el del crecimiento de las uñas y el pelo
tras la muerte. La base de datos médica Medline y el buscador Google
son las principales herramientas empleadas por los autores.

1. Hay que beber 8 vasos de agua al día

El consejo de beber al menos ocho vasos de agua al día está tan
extendido que es difícil hallar su origen. Según el estudio publicado
hoy, se puede remontar a 1945, fecha en que se publicó la siguiente
recomendación: “Una cantidad conveniente de agua para los adultos es de
2,5 litros al día en la mayoría de los casos. Una medida ordinaria para
las personas es un mililitro por caloría de alimentos. La mayor parte
del agua necesaria se incluye en las comidas cocinadas”.

Si se ignora la última frase, el consejo puede confundirse con la
necesidad de beber ochos vasos de agua al día. Un estudio publicado en American Journal of Physiology
comprobó la falta de evidencia científica de esta recomendación. Es
más, el consumo excesivo de agua puede ser peligroso y llevar a
intoxicación, hiponatremia (poco sodio en la sangre) e, incluso, la
muerte.

2. Sólo se usa el 10% del cerebro

La creencia de que el ser humano sólo utiliza un 10% de su cerebro
ha persistido durante un siglo, a pesar de los avances considerables de
la neurociencia.

El profesor de la Simon Fraser University Barry Beyer- Stein ha
estudiado el origen de este mito y la evidencia que lo desmonta. La
creencia se propagó por varias fuentes para llamar la atención sobre
las posibilidades de la auto-mejora y fomentar las habilidades latentes
de las personas.

Sin embargo, las evidencias provenientes de estudios sobre el daño
cerebral, así como las pruebas de diagnóstico por imagen hechas en este
órgano, desvelan que las personas usan mucho más del 10% del mismo. De
hecho, el daño a casi cada área del cerebro afecta a las capacidades
mentales, vegetativas y de comportamiento humano, lo que demuestra que
ninguna parte del cerebro está completamente inactiva.

3. El pelo y las uñas crecen tras la muerte

Es uno de los mitos más morbosos y más extendidos. A su difusión pudo contribuir la famosa novela adaptada al cine Sin novedad en el frente, en la que el escritor Erich Maria Remarque describe el crecimiento en forma de hélice de un amigo suyo después de enterrado.

Según el antropólogo forense de la Universidad de Florida William
Maples “se trata de una imagen muy poderosa, pero es un espejismo”.
Este mito se basa en un fenómeno biológico que sí se da tras la muerte.

La deshidratación del cuerpo hace que la piel seca se retraiga
alrededor del pelo y de las uñas, lo que puede crear la apariencia de
un aumento de longitud o prominencia de estas estructuras de queratina,
debido sobre todo al contraste.

Sin embargo, el crecimiento de la piel y las uñas requiere de una
compleja regulación hormonal, que no se sostiene después de la muerte.

4. Leer con poca luz arruina la vista

La idea de que leer con una luz tenue puede ser perjudicial para la
vista puede tener su origen en la experiencia de sentir fatiga visual,
ya que cuando la luz no es la adecuada, puede tenerse la sensación de
que existen dificultades para enfocar correctamente.

Además, en tales circunstancias se reduce la tasa de parpadeos, lo
que provoca cierta incomodidad, debido a que los ojos se resecan. Sin
embargo, tal como destacan los científicos, lo cierto del asunto es que
estos efectos no son en ningún caso persistentes.

Según la mayoría de los oftalmólogos, leer bajo una luz débil no
daña los ojos, ya que, aunque puede provocar fatiga visual, no es
probable que sea responsable de causar un cambio permanente en el
funcionamiento o estructura oculares. Incluso en pacientes con
enfermedades oculares, la fatiga visual causada al leer remite al dejar
el libro.

5. El pelo crece más fuerte tras afeitarse

La creencia, bastante extendida, de que el cabello vuelve a crecer
más rápido, fuerte y oscuro tras afeitarse tampoco puede sostenerse,
según las evidencias científicas disponibles, aunque se trata de una
idea reforzada por la propia percepción sobre la velocidad a la que
parece crecer el vello corporal.

Ya en 1928, un ensayo clínico demostró que el hecho de afeitarse no
tenía ningún efecto sobre el crecimiento posterior del pelo. Estudios
más recientes han reforzado esta hipótesis, en el sentido de que, tras
un afeitado, ni el grosor ni la velocidad de crecimiento del pelo se
ven afectados.

De hecho, durante el afeitado se elimina la parte muerta del cabello
y no la sección viva, que se mantiene bajo la piel. Lo que sí es cierto
es que el pelo cortado no tiene el extremo tan fino como antes del
afeitado y que su color es más oscuro porque aún no le ha dado el sol.

6. El peligro del móvil en los hospitales

Aunque muchos hospitales prohiben el uso de teléfonos móviles en sus
instalaciones, ante el temor de que puedan interferir en el
funcionamiento de aparatos, sobre todo en unidades de cuidados
intensivos, existen pocas evidencias que justifiquen estas medidas.

Estudios recientes realizados en Reino Unido han demostrado que los
móviles causan interferencias en un 4% de los dispositivos y sólo a una
distancia inferior a un metro. Además, sólo en un 0,1% de los casos se
registran daños graves.

Hay que tener en cuenta que las mejoras técnicas registradas en los
últimos tiempos han permitido reducir incluso los más mínimos efectos.
Otros estudios señalan incluso que el uso de teléfonos móviles por
parte de médicos reduce el riesgo de errores clínicos provocados por
falta de comunicación.

Via Helektron

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